(I)
Descúbrete,
argonauta, mira a tus pies el horizonte y sobre tu cabeza el cielo que empieza
a caer empujado por la noche. Descúbrete, poeta de los siete mares, de las
siete almas, que hoy es tu día de suerte: el viento sopla a tu favor y te
indican el camino las estrellas. No quieras desconocer, por tu bien, el mandato
de tu corazón, no te aferres a lo ido, mira que no siempre es cierto que todo
tiempo pasado fue mejor. Levanta la vista, observa, qué inmenso océano te
espera; ya habrá tiempo de comer, rezar y amar, ahora sólo eleva el ancla y
ponte firme, que a glorioso viaje tienes que zarpar.
(II)
El sol brilla sobre mi cabeza, hincho
mis pulmones en un respiro profundo, me refresco con el suspiro del mundo y en
su suave música me hundo. Hacia adelante, sin miedo, que en este enorme mar
está mi anhelo. Lleno de dicha sobre las olas navego entonando dulces canciones,
pero firme en el desvelo. Aletargado en ensoñaciones sobre descubrimientos
fantásticos y tesoros inmensos, no imagino que la noche sea un manto oscuro y gélido.
Estúpido, estúpido, estúpido, la oscuridad se cierra ante mis ojos; imbécil,
falto de pensamiento, ahora sin estrellas en el firmamento me veo desamparado y
solo.
(III)
Qué hago en este barco de papel,
yo, que el mar sólo he conocido en los cuadros de los restaurantes y a través
de los caracoles como el susurro de un sueño. No hay navíos a la vista ni cetáceos
enormes que me indiquen cuánto falta, soy yo un barquito de papel en un océano
de lágrimas. Oh! silencio, compañero, no me abandones que el grito lejano me
acecha. Poco queda, compañero, el ruido de la noche me hace presa.
(IV)
Soy náufrago en tu alma y en mi
abismo, estoy errante en cualquier mundo y perdido en cualquier camino. Óyeme,
tu que reinarás por los siglos de los siglos ¿dónde está el sur en esta
terrible tormenta? que no logro hallar tu cruz. Cruel Ojo, que todo lo ves ¿dónde
te ocultas, dónde tu misterio? cuando el sol se aleja hacia los remotos
hemisferios. Mi alma, antes expandida se ha reducido a nada, al desasosiego, como
inmensos campos amarillos que ahora la muerte siega pretenciosamente.
(V)
Tú, que intentas creer en ti
mismo entre mis lamentaciones –silencioso, transparente- que eres Uno y
distinto, deja tu caballo bebiendo en este mar salado, aquí donde todo es sal, secándose
hasta la piedra, pero sin pretensiones de eternidad. Dime, por qué debo seguir
siendo el espejo de la nada a la nada, en esta falsedad, esta representación
pueril; dime, por qué debo seguir este teatro inútil, por qué debo seguir hasta
el final de mi destino siendo el reflejo de tu ausencia, la causa y el efecto de
tu ausencia.
(VI)
Aturdido en el misterio, en la
necesidad -en la necedad- en el nombre innombrable, en el BLUES que mueve las
células, en la búsqueda de una ARMONÍA. No hay luz al final del túnel, no hay
túnel, sólo un tal vez, una sombra en las sombras. Me convierto en un glóbulo
rojo navegando mi cuerpo, esperando sangrar al MUNDO, escapar de mi mismo en
éxtasis, frenético, eyacularme como una idea, ebrio, violento. No ser más el
canalla que sucumbe ante esta MISERIA -miserable miseria, pordiosera miseria, perra
miseria- que me traga y que me escupe convertido en un montón de huesos que ya
no se levantan.
(VII)
Ahora,
de frente ante el montón de cadáveres de todo lo que imaginé y liquidé, de todo
lo que ambicioné y ya no importa. Quieto, intentando detener el segundo que
trata de atravesarme hasta dejarme como otro cadáver, pudriéndose, ante los
ojos indiferentes de los que me siguen en la fila de este purgatorio. Doy palos
de ciego, buscando el barro que me lave los ojos -lazarillo de mi mismo-, Lázaro,
fénix en mis cenizas, ardiendo febril en mi carne, desgastado, escondido en una
dicha, en una esperanza, en espera.
No hay
otro mundo, aunque quiera huir de este -vagabundo sin Dharma- en el aquí y
ahora, contundente, sin respuesta satisfactoria. Es mi confesión un grito a la nada;
aunque debo decir que busqué. Busqué algún oído dispuesto, abierto a lo
inconfesable. Salí de mi mismo, juro que busqué, pero las calles estaban llenas
de naufragios enmohecidos, fragmentados, esparcidos por todos los rincones, siempre
esperanzados, esperando alzarse, retomar el viaje, cerrarse en la noche y
abandonarme, solo en el grito.
(VIII)
¿Qué niño es aquel que dibujó el
mapa de las rutas infinitas
y que olvidó la cuerda de sus juegos,
que ahora con el paso de las estaciones
ha unido el cielo con el mar?
¡Agua a la vista Capitán!
ve, bebe tu alma ¡¡ZARPA ARGONAUTA!!
Ahora son sólo palabras, reminiscencias
de un sueño, un espejismo,
nada más que el eco de mi
desventura.
¡¡No puede ser!! Tan absurdo, tan detestable destino.
El humo [de otros mundos] me
huele el pensamiento. Hay que calmar las ansias. La noche parece iluminada sin
tener estrellas.
[ES UN
SUEÑO ES UN SUEÑO ES UN SUEÑO]
Soy la primera rata que quiere
escapar
y soy la primera entre los
restos de este naufragio.
¡¡NO NO NO!!
SED ¡tanta sed!
AGUA ¡tanta agua!
Sólo maderos destrozados es el
pago por desviar el camino, por perder el rumbo.
(IX)
Muerte puta, hija de la gran ausencia, pariente pobre de la eternidad. Impaciente apresuras el paso arrojando
piedras al camino, mi camino, amén. Caballos de fuego moviendo el suelo. Tu
aliento, viento norte, buscas el pecho humano, creciendo en el grito hasta
volver al polvo. Acechas, sombra, como un murmullo, imperceptible. Bestia en la
oscuridad, ya no sé quién es la presa. Voluptuoso destino, infatigable,
abrasador, dime quién espera a quién.
(X)
Una vez fui HOMBRE, me aventuré,
miré a lo lejos en lo distante, mi corazón
se sentía seguro y firme -viril
y fulgurante-
¡¡QUE ARROGANCIA!!
Ahora coleteo de un lado para
otro y no hay caso, soy un cetáceo varado en la orilla de una playa solitaria, las
arenas que me cubren son silencio; y coleteo una y otra vez en la playa
solitaria. En la arena escribo estas palabras con tinta globulina, flechas
envenenadas que hieren mi memoria. También soy cicatriz, marca donde todo esto
que es combate, en lo cotidiano, en lo imperecedero y lo fugaz, en este
revolcarme a duras penas.
Por eso me despido, me llevo la
luciérnaga azul en un frasco. Y no es que tenga miedo, sucede que realmente no
sé qué tan oscuro va a ser el camino de mi eterno retorno.

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